¿Cómo una icónica marca decide detener su producción sin contar aún con un nuevo modelo en el mercado?
Esta es la interrogante que rodea a Jaguar, una empresa legendaria que acaba de cerrar un capítulo crucial de su historia. La descontinuación del F-Pace no solo representa el adiós a un modelo exitoso, sino que también simboliza el final de los motores de combustión, dejando a la marca británica sin vehículos en activo. Así es, sin ninguno. Analizamos qué ha sucedido, por qué se tomó esta decisión y los riesgos que implica para Jaguar esta transición hacia un futuro completamente eléctrico.
La retirada del Jaguar F-Pace significa la despedida definitiva de los motores de combustión para la firma británica. Con esta elección, Jaguar queda momentáneamente sin modelos en producción y enfoca todos sus esfuerzos en el relanzamiento eléctrico que se prevé para 2027.
La despedida del F-Pace: un hito para Jaguar
La descontinuación del F-Pace ocurre en un contexto complicado. Jaguar está experimentando una transformación profunda. La compañía ha confirmado que la última unidad del SUV ha salido de la planta de Solihull, marcando el fin de la producción de automóviles en cualquier mercado global.
Este movimiento no fue espontáneo, aunque resulta sorprendente. El F-Pace era el último modelo con motor de combustión. Con su salida, Jaguar apaga definitivamente los motores térmicos. La transición hacia la electrificación ya no es solo un discurso; se ha convertido en una realidad tangible, sin productos intermedios.
Nos encontramos ante un acontecimiento sin precedentes: una marca activa, con una rica historia y un gran prestigio, pero sin una gama de productos disponible. Este silencio en la producción genera inquietud y muchas preguntas.
Jaguar entra en un periodo sin producción activa
Con el F-Pace fuera de circulación, Jaguar se enfrenta a una etapa inédita. La marca sigue existiendo, pero no produce vehículos. No hay sedanes, SUV ni deportivos. La línea de producción está vacía.
La planta de Solihull ahora se dedica exclusivamente a la producción de modelos Range Rover, bajo el paraguas de Jaguar Land Rover. Jaguar, como marca, se encuentra en un estado de espera. Una pausa que podría extenderse por varios años.
Este vacío en la producción es algo que no se había visto en tiempos recientes. Otras marcas han electrificado su oferta de forma gradual, mientras que Jaguar optó por un corte radical. La apuesta es audaz y el riesgo, considerable. El objetivo es reinventarse por completo.

El F-Pace: un SUV que transformó a Jaguar
Cuando el F-Pace fue presentado en 2016, muchos estaban escépticos. Jaguar nunca había fabricado un SUV. Sin embargo, el mercado era claro: los consumidores premium demandaban altura, versatilidad y presencia.
El F-Pace captó este mensaje de manera excepcional. En pocos años se convirtió en el modelo más vendido de Jaguar, siendo la base comercial de la marca durante casi diez años. Mientras las berlinas se desvanecían, este SUV sostenía la salud financiera de la compañía.
En muchos mercados, el F-Pace era la representación de Jaguar. Sin su presencia, la marca habría enfrentado mayores dificultades. Por ello, su despedida tiene un peso significativo. No es solo un vehículo; es el símbolo de su reciente lucha por la supervivencia.
Más de 300.000 unidades y un impacto comercial importante
Jaguar logró vender más de 300.000 unidades del F-Pace en menos de diez años. Esta cifra es impresionante para una marca de volumen limitado. El SUV fue fundamental para financiar operaciones, mantener concesionarios y preservar la imagen global de la marca.
En mercados clave como Estados Unidos, China y Europa, el F-Pace representaba la cara visible de Jaguar. Simbolizaba modernidad, diseño y deportividad práctica. Sin él, la gama de productos pierde su sentido.
Por lo tanto, la descontinuación del F-Pace no es simplemente una decisión técnica; es una ruptura estratégica. Jaguar renuncia a su mayor éxito reciente para enfocarse en un futuro que todavía es incierto.
La despedida emotiva: el F-Pace SVR final
Para cerrar este ciclo, Jaguar eligió un gesto altamente simbólico. La última unidad fabricada fue un Jaguar F-Pace SVR, la versión más extrema y potente del SUV.
Este ejemplar fue pintado de negro, un color que evoca el del último E-Type producido en 1974. Nada fue al azar. Este F-Pace SVR no será puesto a la venta, sino que se destinará al Jaguar Heritage Trust, en Gaydon.
Allí permanecerá como un testimonio de una era. Un recordatorio del último rugido de combustión de Jaguar. Una despedida elegante, aunque nostálgica, para los aficionados a la marca.
Jaguar se despide de los motores de combustión
Con la salida del F-Pace, Jaguar dice adiós de forma definitiva a los motores térmicos. No habrá híbridos temporales ni extensiones de vida. El corte es drástico.
Este movimiento alinea a la marca con su visión de una electrificación total. Jaguar busca renacer como un fabricante exclusivamente eléctrico, sin la carga de su pasado técnico.
No obstante, el costo de esta decisión es elevado. Durante varios años, Jaguar no tendrá presencia en el mercado. No habrá ventas, lanzamientos ni renovación constante. Solo promesas y trabajo interno.
El proyecto X900 y el futuro eléctrico de Jaguar
El regreso de Jaguar tiene un nombre interno: X900. Se tratará de un gran GT eléctrico, enfocado en el segmento ultra premium. Su lanzamiento no está previsto antes de 2027.
Este modelo será el estandarte de la nueva identidad de la marca. Contará con tres motores eléctricos, tracción integral y un sistema de distribución de par variable. La potencia superará los 1.000 caballos.
Los prototipos ya están en fase de pruebas, y el diseño evoluciona respecto al concepto inicial. Jaguar busca un impacto visual impactante, exclusividad y tecnología avanzada. No pretende competir por volumen, sino por deseo.
Una estrategia arriesgada y un nuevo público
La propia Jaguar reconoce el riesgo que implica. Según la marca, solo el 15% de los compradores del nuevo ciclo provendrán de su base actual. Esta cifra es alarmante y reveladora.
Esto significa que Jaguar acepta perder a la mayoría de sus clientes históricos. Busca atraer a un público nuevo, más joven, más tecnológico y dispuesto a invertir en exclusividad eléctrica.
Lo que observamos aquí es una jugada extrema. Si tiene éxito, Jaguar renacerá como una marca eléctrica aspiracional. Si no lo logra, el impacto podría ser irreversible. No hay una red de seguridad.
¿Puede Jaguar sobrevivir sin productos durante años?
La gran pregunta se cierne en el aire. ¿Es posible que una marca sobreviva sin vehículos en producción durante tanto tiempo? Jaguar confía en su legado, su diseño y su futuro eléctrico.
Sin embargo, el mercado no espera. La competencia avanza con rapidez. Nuevas marcas nacen en el ámbito eléctrico, mientras que otras se transforman sin pausa. Jaguar eligió detenerse.
Este silencio puede generar expectativas, pero también puede llevar al olvido. La delgada línea entre ambas posibilidades será crucial. El éxito dependerá del impacto real que tenga el X900.

El reposicionamiento de una marca con historia
Jaguar no aspira a ser lo que fue. Busca transformarse en algo diferente: más exclusivo, más tecnológico y más innovador. La despedida de los motores de combustión es parte de esta nueva narrativa.
El desafío radica en el tiempo. Cuatro años sin productos es una eternidad en la industria automotriz. Mantener la relevancia sin una presencia comercial será la verdadera prueba.
Sin embargo, Jaguar está apostando todo. No hay lugar para las medias tintas. El futuro será eléctrico, o no será.



